Como nacer de Dios III …
27/06/2012 | Por: Traductora- Ágatha Cristina | Publicado en: Nacer de Dios
Ah vale Cris, entonces es sólo reconocer mi situación espiritual y querer cambiar…pero eso yo ya lo hago, pero aún no conseguí nacer de Dios.
Como siempre, a las personas les gusta hacer las cosas a medias y después decir que ya hicieron de todo. Cuando yo fui al altar, yo fui porque quería salir de aquella situación de cizaña, sólo que no basta querer solamente. Si preguntas a cualquier persona: ‘Oye, ¿quieres ganar un millón de dólares?’, seguramente dirá que sí. Pero, ¿eso es suficiente para ella? ¡Por supuesto que no!
Yo reconocí, yo quise, ahora vamos al siguiente paso…
Al llegar frente al altar, yo le conté lo que había en el fondo de mi corazón. No hablé palabras bonitas o palabras rebuscadas. Conforme iba hablando con Dios, palabras más profundas aparecían en mi jerga, como si estas estuvieran dentro de mí todo aquel tiempo sin yo saberlo. En esos momentos ya ni me acordaba que había gente a mi lado, la concentración en aquel acto delante de Dios era cien por cien.
Fue entonces cuando algo aconteció dentro de mí. Fue algo tan personal que es difícil describir, sólo sé que las lágrimas caían por mi rostro y ya no podía ni pronunciar palabra, me di cuenta de cuán perdida yo estaba,cuánto yo necesitaba de Él, que sin Él yo no era nada. Nunca antes me había arrepentido de algo, por fin descubrí el sentido de las cosas.
Y cuando oí su Voz dentro de mí por primera vez, aquellas lágrimas de arrepentimiento se convirtieron en lágrimas de alegría. La Voz de Dios no es audible como la voz de cualquier persona, sin embargo, ella es diferente, sabes que viene de Él. ¡Es algo inexplicable!
Él me consoló como si viniera a mí, me diese la mano y me abrazase. En ese momento, tuve la seguridad de que le pertenecía, que nunca más sería la misma.
Por eso este es mi Salmo favorito. Me identifico mucho con él.
Al SEÑOR esperé pacientemente, y El se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios; muchos verán esto, y temerán, y confiarán en el SEÑOR. (Salmo 40.1-3)
TERCERO PASO: Entregarse de espíritu, alma, y cuerpo sin reservas.
¿Y sabes qué pasó después? Te lo diré mañana …




Saludos, cuandos somos sinceros,con Dios, el entra a nuestras vidas
y nos tornamos nuevas personas ,El nos limpia,nos purifica ,para ser un instrumento en sus manos,la mayor bendicion que una persona puede tener es tener un encuentro con Dios.
Como ud., yo también tuve un antes aunque no me daba cuenta que me pertenecía a mi misma, hoy ya nada es más importante que servirle y vivir para agradarle.
como usted dice uno pierde tanto tiempo o se deja yebar por el k diran en cuando uno tiene preocuparce solo en dejar morar a Dios en su alma y lo de mas no interesa muy fuerte